Cíclopes modernos o La acería
Adoph Menzel, 1875
Industria, sociedad y modernidad en el corazón del siglo XIX
En 1875, Adolph Menzel culminó una de las obras más radicales y complejas de la pintura europea del siglo XIX: La acería (Das Eisenwalzwerk). Bueno, si nos ponemos puntillosos, la traducción literal sería “La planta de laminación de acero“, una versión industrial gigante de un rodillo de cocina, pero en lugar de estirar masa de pizza, estira bloques de metal al rojo vivo. Los alemanes es que tienen palabras para todo.
Lejos de las escenas históricas, mitológicas o paisajísticas que dominaban los museos de su tiempo, Menzel colocó en el centro del gran formato pictórico a los trabajadores industriales, inmersos en el ruido, el calor y la disciplina mecánica de una moderna fábrica siderúrgica. El resultado fue una imagen sin precedentes del mundo contemporáneo, tan incómoda como fascinante para el público burgués que acudía a admirar los cuadros expuestos en la Nationalgalerie de Berlín.
Descripción del cuadro: una coreografía de hierro y fuego
La escena se desarrolla en el interior de una acería en pleno funcionamiento. En el primer plano, un grupo de obreros maneja con grandes tenazas una masa de acero incandescente, guiándola hacia los rodillos de laminación.
El movimiento es continuo, casi coreográfico, marcado por la coordinación precisa entre los cuerpos humanos y las máquinas. Al fondo, una enorme rueda —parte del sistema de transmisión de la máquina de vapor— domina la composición, subrayando su papel como corazón energético de todo el proceso productivo.
Menzel no idealiza el trabajo: el cansancio, la suciedad y la tensión física son visibles. Algunos obreros comen apresuradamente junto a la maquinaria; otros se lavan antes del cambio de turno. Incluso aparece un trabajador bebiendo directamente de una botella, un detalle elocuente sobre las duras condiciones laborales y la alienación cotidiana. La fábrica no se detiene: el cambio de turno es inminente y la vida humana se adapta al ritmo impuesto por la máquina.
Historia de la obra: observación directa y modernidad radical
Para realizar La acería, Menzel viajó desde Berlín hasta Königshütte, en la Alta Silesia, uno de los centros industriales más avanzados de Europa. Allí realizó decenas de bocetos a lápiz directamente en el interior de la fábrica, exponiéndose a un entorno peligroso y sofocante. Todos los elementos que aparecen en el lienzo —máquinas, herramientas, posturas corporales— proceden de esa observación directa.









Dimensión social: el “Cuarto Estado” entra en el museo
La acería es la primera gran pintura alemana que aborda de forma directa la llamada “cuestión social”. En plena aceleración industrial tras la unificación alemana de 1871, los inmensos beneficios económicos de los industriales convivían con jornadas laborales interminables, trabajo infantil y una disciplina férrea. Los obreros de Königshütte —muchos de ellos polacos en una región marcada por tensiones nacionales— encarnaban un nuevo sujeto histórico: el proletariado industrial.
Menzel no ofrece un discurso político explícito, pero su elección del tema es profundamente significativa. Los trabajadores ocupan el centro visual del cuadro, mientras que el director de la fábrica aparece relegado al fondo, identificado únicamente por su bombín, símbolo burgués de autoridad. El espectador no contempla una alegoría del progreso, sino una realidad humana compleja, llena de contradicciones.
El público burgués ante la imagen de la industria
El cuadro fue adquirido el mismo año de su finalización por la Nationalgalerie de Berlín. La decisión fue audaz: los museos estaban acostumbrados a exaltar héroes, episodios históricos o alegorías clásicas.
La audiencia que visitaba los museos de arte en el siglo XIX era mayoritariamente burguesa. Para este público, el museo era un espacio de elevación moral y estética, no un lugar donde confrontar las consecuencias sociales del progreso económico que sustentaba su propio bienestar. La acería desafiaba esas expectativas: obligaba al espectador a mirar de frente el origen material de la riqueza moderna.
Mostrar a obreros anónimos en una fábrica era, sencillamente, romper con la tradición. Para suavizar el impacto, el director de la galería llegó a presentar la obra bajo el título de Cíclopes modernos, una referencia mitológica que podía resultar más aceptable para el visitante burgués. Y es que los visitantes de los museos berlineses estaban mucho más familiarizados con criaturas mitológicas como los cíclopes que con los pobre diablos que forjaban los raíles de los ferrocarriles en los que iban a pasar el día a los jardines de Potsdam.
Este interés de Menzel por representar su tiempo ya se aprecia en otras obras clave de su producción, como El concierto de flauta en Sanssouci, donde el artista analiza con precisión psicológica el poder y la representación cortesana, o en sus composiciones monumentales cargadas de tensión emocional, estudiadas en La arenga de Federico II antes de la Batalla de Leuthen.
Aunque algunos contemporáneos pudieron interpretar la obra como una exaltación del poder industrial alemán, su ambigüedad es precisamente una de sus grandes virtudes. Menzel no moraliza ni idealiza; muestra. Y al hacerlo, introduce una tensión inédita entre arte, sociedad y modernidad.
¿Por qué es una obra revolucionaria?
La acería marca un punto de inflexión en la historia del arte por varias razones:
Introduce el trabajo industrial moderno como tema central de la gran pintura.
Sustituye la idealización heroica por un realismo atento a las condiciones materiales y humanas.
Integra máquina y ser humano en una misma lógica visual, sin jerarquías simbólicas tradicionales.
Obliga al espectador burgués a enfrentarse a una realidad social contemporánea dentro del espacio del museo.
Menzel no fue un pintor militante, pero sí un observador implacable de su tiempo. En La acería, esa mirada alcanza una intensidad y una modernidad que anticipan preocupaciones fundamentales del arte del siglo XX.
Ficha técnica
Título: La acería (Das Eisenwalzwerk)
Autor: Adolph Menzel (1815–1905)
Fecha: 1872–1875
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 158 × 254 cm
Ubicación: Alte Nationalgalerie, Berlín
Preguntas frecuentes
¿Dónde se ambienta La acería?
En la fábrica de Königshütte, en la Alta Silesia, uno de los complejos industriales más avanzados del siglo XIX.
¿Es una obra política?
No en un sentido explícito. Menzel no formula un manifiesto, pero la elección del tema tiene claras implicaciones sociales.
¿Por qué fue polémica en su época?
Porque introdujo el mundo obrero industrial en el espacio del museo, rompiendo con los temas tradicionales del arte académico.
¿Qué papel desempeña la máquina en la obra?
La máquina de vapor es el eje visual y simbólico de la composición: organiza el trabajo humano y domina el espacio.
Enlaces externos
Alte Nationalgalerie – Das Eisenwalzwerk (ficha de la obra)
Deutsche Digitale Bibliothek – Adolph Menzel
Museo del Prado – Contextos del realismo europeo
Bibliografía y para saber más
Herbert von Einem, Adolph Menzel, Berlín.
Claude Keisch, Adolph Menzel: entre el realismo y la modernidad.
T.J. Clark, La pintura de la vida moderna.
Catálogo de la Alte Nationalgalerie, Berlín.







